Suelo preguntar que será
de estas páginas con
sabor a fracaso.
¿En qué ojos acabaran
quemadas?
¿En qué labios serán
pronunciadas?
Luego sigo haciendo
eses por estos párrafos.
Me hice experto en arrastrar
mi propia lápida hacia mi
mausoleo.
La humildad se la queda
el día, como el buen hijo
sin nada.
Los sueños por un tubo y
el resultado es el sumidero
de tramas.
Lo trágico del disgusto
me llena las madrugadas,
dame un poco de cuerda.
Le pido: suelta en mi seperio
alguna lágrima, que caiga y no
crezca en la tierra.
Olvido lo que te escribo en el
siguiente beso, me rehago de
todo.
¿De qué me vale lo blanco doblado si no es mi terapia?
La respuesta se sigue en la frontera del yo con mi
versos.
La respuesta se sigue en la frontera del yo con mi
versos.

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