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Mărăcine






Busco tu esperanza y la mía,

en los tres indios que bailan
la música de mis cascos por la calle,
en el puente que una vez besó
el Turia y hoy es pánico de autobuses
y tránsito,
en los morros del negro a mi lado,
seguro saben la respuesta,
grandes, son muy grandes.
en la última parada quizá, pero
recuerdo que el metal no habla
un miércoles a las tres de la tarde,

Busco en la cruz verde de neón
que cura enfermos,
en el local marroquí para estómagos
propios de otomanos,
en la hendidura con forma de llave,
patio 42, que me espera.

Bajo las motas de polvo en mi cuarto,
tampoco
¿página 20 de Carver? No, me desespero,
acudo a Gibran, donde los poemas significan
nostalgias y respuestas perdidas.

Nada, 
mientras los gemidos de ambulancia
codifican más lo que no sé,
y la ciudad sigue ocultando algo.

Tumbado en la parte no real,
me abrazas, te cuento las costillas sin moraleja,
absorbo tu entrepierna, hago memoria -tus caderas-,
das de comer directamente de tu abdomen,
subo hasta lamer la nieve de tus labios y lo recuerdo,
todo está en tus pechos
donde orbitaba mi cabeza entre dos pezones
y un corazón seco –pulpa de la amargura--.

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