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Dos estrellas.






Ayer nos vimos, hoy Júpiter y Venus se alinean,
somos un preludio del juego astral,
una caricia determinada por el desconocimiento.

Te conviertes en días de recuerdo, yo en un jardín
de nostalgias cuando después de verte está esperando
un bus y sus paradas, lejos de tu carne.

Puedes revivir de camino al rectángulo,
porque me has bailado entre violines de media noche
y restos romanos cubiertos de agua.

Las calles te deben algo cuando me paseas de la mano,
estoy en deuda con la ciudad.
Tienes en cada línea de flexión un trozo de abandono,
eres una canción de Iván Ferreiro sonando para el
rincón onírico del vicio.

Te puedo revivir en las manchas de flujo sobre
el lienzo
pero mi sudor estará solo en la caja
deshabitada de tus ojos tristes.

Te vas en un falso domingo hijo del miércoles,
has cuidado mi ciego como salido de tu matriz,
con tus caricias de tinta negra eternas,
no me escupas del bucle existente en tu pecho.

Soy una estatua en ruinas caída por el agujero
sideral de tu ausencia,
te veo curar cicatrices de otras, cruzas el espacio
tiempo hasta llenarte de kilómetros para
dejar al poeta en el estado natural, roto.

Soy el personaje de tus sueños húmedos
lamiendo el cactus que te viste, soy el maquinista
del témpano dulce en el viaje hacia tu lengua.

Te vas dejando las ventanas cerradas, restos lacrimógenos
de huida en los azulejos, un te quiero efervescente 
en los oídos.
¿Pandora que ha hecho el mundo contigo?
¿En qué ciego estarás?

Recuerda, todo esto cabe entre tus manos aunque
estén agujereadas y me pierdas.

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